El martes 5 de noviembre continuaba mi ruta rumbo a Puerto Natales, un pequeño pueblo chileno desde el cual empezaría el trekking más duro de todo mi viaje, aunque también uno de los más impresionantes: Torres del Paine. Decidí hacer mi camino de nuevo haciendo autostop, despues del éxito de mi primera experiencia. En la mayoría de ciudades argentinas y chilenas suele haber un puesto de policía a la entrada, que normalmente para a los autos para comprobar la documentación o hacer chequeos esporádicos. Asi que ese era un buen punto de partida para encontrar algun alma caritativa que me llevara. En 10 minutos paró un amable señor que me llevó 250 km en direccion a mi destino, y desde ahí, despues de esperar otros 10 minutos, otro coche con un chico que iba a pescar centollos, me llevó hasta la frontera con Chile, la misma que comenté en mi entrada anterior en medio de la nada. En la aduana tuve que esperar unos 20 minutos porqué no paraban casi coches, hasta que un camionero muy amable me llevó hasta la Barcaza que tuve que pasar también en mi trayecto de ida para cruzar el mar. Despues de este cruce, el camión seguía para otro camino y yo debía encontrar algun auto que siguiera por Chile antes de que se hiciera de noche. Por suerte en esta época oscurece entre las 21:00-21:30 y el barco era un buen lugar para preguntar a los coches, poniendo especial atencion en los que tenian matricula chilena. Un microbus de trabajadores de una petrolera cercana que volvían a sus casas, me llevó hasta su destino, Punta Arenas, a ya tan sólo 200 km más para mi destino final. Como ya eran las 23:30 pase noche en un hostal, el primero en el que dormiria en Suramérica y por un precio de 18 euros con desayuno y baño compartido. Vamos, precio europeo total.
El miércoles 6 de noviembre continuaba mi ruta haciendo autostop desde una gasolinera a la salida de Punta Arenas. Unos 15 minutos despues una minivan de turismo que en aquellos momentos sólo iban el conductor y el guía se dirigían hacia Puerto Natales. Bingo! 2 hombres super simpacticos que además me sirvieron de introducción para saber un poco más sobre el trekking que me disponía a hacer en Torres del Paine. De camino paramos en una estancia que tenían que visitar para ver si era un buen lugar de parada cuando llevaran turistas. Allí pude ver ovejas, un animal de la familia de los camellos que a veces escupe y que vereis que salgo con el en una foto y el plato fuerte, dos pumas en una jaula. Resulta que por esta zona abundaban los pumas, y por la zona del trekking que iba a hacer era posible encontrarse con alguno. Yo habiendo visto aquellos dos ya era más que feliz y no me hacia especial emocion precisamente, encontrarme con alguno haciendo trekking...
Aquella tarde llegaba a mi nuevo hogar de Couchsurfing, esta vez distinto a los que había estado hasta ahora, pues se trataba de una entrañable familia con 2 hijos que llevaban alojando gente de todo el mundo desde el año 2007. Algo increíble. Gloria debe haberse convertido en la mamá de muchísimos viajeros que han pasado por allí. Tenían una habitacion exclusiva con 4 camas literas para gente de Couchsurfing y más de 160 opiniones buenas en su perfil de la web. Cuando llegue había 2 chicos más haciendo couch, uno de Ecuador y otro de Barcelona llamado Ferran que en cuanto me vio, me dijo "jo et conec". A mi no me sonaba para nada la cara, pero resulta que este chico era compañero de trabajo de Vincent en Tuenti Barcelona, muy fuerte! Había dejado la empresa hace un mes para empezar a viajar durante un año. Sencillamente, el mundo es un pañuelo! La pena es que los 2 chicos venían de hacer el trekking, asi que mi inicio del camino lo empezaria sola. Despues de que me dieran información sobre el trekking, decidí hacer el conocido circuito w durante 4 dias. Iría parando en campings a dormir, por tanto debía ir provista de saco, tienda, alfombrilla aislante del frío y comida suficiente. Como no quería cargar con mas peso adicional, decidí no llevar cocinilla y comer todos los dias frío. El material me lo alquilo la familia, que tenían como una especie de agencia de turismo. De esta forma la ayuda era mutua; los viajeros teníamos una casa para dormir y comida casera, y a cambio si queríamos podíamos alquilar el material allí directamente. Igual ocurría con los billetes de autobús para llegar hasta el parque de Torres del Paine, que también nos los podía suministrar la familia sin ningún tipo de comisión extra. La mujer era la que se encargaba de todo, ya que el marido trabajaba cada día en un ferry. Una familia honrada que tuvo la genial idea de empezar a alojar viajeros, de forma que ellos aprenden muchas cosas sobre las diferentes culturas del mundo, a la vez que reparten y reciben amor y agradecimiento de todos nosotros, los que tuvimos un hogar familiar por unos dias. Que bonito intercambio, y que bonito que existan personas que abran la puerta a un desconocido. Más sorprendida me quedé aún cuando me contaron que las dos ultimas navidades las habían pasado con personas de Couchsurfing que viajaban y estaban lejos de su familia. El último año acogieron a 18 personas de todo el mundo. Cada uno preparó diferentes platos de sus países y aquellas personas desconocidas, tuvieron la suerte de pasar unas Navidades en familia. Imaginad que cena de Navidad! Porque al final el que comparte, es el que más recibe. Mamá, a que estas esperando para hacer esto? Seguro que te va a encantar!
Siguiendo con mi día, aquella tarde fuimos a comprar al super junto con Ferrán y la hija de 14 años, mi comida a base de sándwich de jamón York y queso, galletas y chocolate, asi como queso y un helado cortesía de Ferrán, para las empanadillas de queso que Gloria nos iba a preparar aquella noche para cenar. Estuvierom riquisimas!
Antes de cenar tuve un incidente bastante tonto que fue tirar en el teclado de mi ordenador sin querer, un poco de líquido de unas olivas que me estaba comiendo en casa, con tan mala pata que el agua llegó hasta la placa madre y se quemó. El chico de Ecuador dio la casualidad que era reparador de ordenadores, asi que me lo abrió para ver si se podía hacer algo, pero finalmente el vereficto fue que había muerto. Por suerte el disco duro con toda la información, básicamente fotos, no se dañó, asi que tampoco fue tan grave. Aprovechando que Punta Arenas, la ciudad que estaba a 2 horas de Natales, tenía una zona franca donde se vendía de todo sin impuestos, decidí que despues de mi trekking iría para alla en busca de una tablet, que ya de paso podía servir de regalo de mi cumple aprovechando que me queda un mesecito jiji. No hay mal que por bien no venga :p
El jueves 7 de noviembre empezaba mi nueva aventura de trekking de montaña, con una super calentita chaqueta que me había dejado Gloria y que me vino genial. Sobre las 11 de la mañana ingresaba en el parque y esperaba un barco que me llevaría al inicio de la ruta. El tiempo no acompañaba mucho, y aquel sólo era el inicio de 4 dias que fueron duros, muy duros.
Sólo empezar un violento viento azotaba con fuerza a la vez que nevaba de forma continuada. El inicio del camino fue de 4 horas hasta llegar al primer camping, un camino complicado por el tiempo y por las miles de piedras y desniveles que había que superar con el correspondiente peso de la mochila sobre mi espalda. La ruta iba bordeando un enorme lago helado rodeado de montañas nevadad. Desde aquella parte de la ruta, lo principal era visitar un glaciar llamado Grey que si querías tener las vistas aéreas más espectaculares, había que hacer un camino de una hora y media más de ida y lo mismo de vuelta desde el camping. Lo bueno era que ya no había que cargar la mochila, asi que, despues de montar la primera tienda de campaña de mi vida yo sola, me enfile rumbo al mirador a las 18:00 de la tarde, teniendo en cuenta que anochecia sobre las 21:00-21:30.
Pensaba que no iba a llegar nunca, cuando en el momento más inesperado pude contemplar una vista impresionante que me dejó con la boca abierta y diciendo "guau" repetidas veces. Yo sola frente aquel espectáculo. Puesta de sol por un lado, un enorme glaciar visto desde las alturas y la nieve y el viento que no me dejaron respirar ni un momento. Aquel camino había estado cerrado durante meses por un desprendimiento de unas escaleras que había para pasar entre 2 montañas. Justo el día que yo empezaba el trekking, se había vuelto a restaurar, aunque la mayoría de personas no lo sabía todavía y por eso no me encontré a nadie por el camino. Yo simplemente lo supe porque pregunté al llegar al camping. Quien me hubiera dicho a mi antes que iba a caminar tantas horas sola por la montaña. En que líos me meto jeje!
Un total de 7 horas caminando alrededor de 18 km, tuvieron de recompensa una ducha de agua caliente y una sala calentita para preparar comidas, aunque yo iba con mis sandwichs sosos y fríos que al cuarto día aborreci pero mucho. Cuando llego la hora de dormir el frío no se quiso separar de mi, y pase una de las noches más frías que por el momento recuerdo de mi vida. Tuve que dormir con la chaqueta y todo, pero por más que me acurruque de mil maneras en aquel se supone que calentito saco que había alquilado, el frío me dejó los huesos tiritando. Por la mañana estaba medio inmóvil y no había valor a salir de aquel saco, que al menos seguro que era menos frío que lo que me esperaba fuera. Con fuerza, valor, coraje y lo que todavía no esta inventado, me vestí como pude dispuesta a empezar mi segundo día de caminata. Cualquiera que me conozca sabe que odio el frío, asi que lo pase realmente mal.
El segundo día ni el viento ni la nieve me dejó respirar tranquila, asi que un total de poco más de 20 km que hice como pude y a duras penas con la única compañia de la pesada mochila. Los paisajes eran preciosos por supuesto, aunque a veces la niebla también hacia de las suyas. Diría que este fue el día más duro por el frío. La incertidumbre de caminar sola por un camino que no conoces y que no sabes bien cuando vas a llegar, a veces es desesperante si se suma al cansancio y al frío. Intentaba motivarme, pero era difícil esquivar el pensamiento de decirme a mi misma como me había metido en ese envolao yo sola, con lo bien que estaría en alguna playita por el norte con el solecito. s como poner un camello en el polo norte. No es su hábitat... El siguiente camping era gratuito, lo cual queria decir que no había ni duchas ni siquiera un triste grifo. Monte mi tienda hecha ya una experta, y fue a preguntarle al guardabosques sobre el camino que me esperaba mañana. Tuve que tener cara de frío, que la tenía, porque me invito a entrar en su caseta con una calefacción que fue un regalo de Dios, y hasta un te calentito. Alargue la conversación lo que pude para no irme del calor de aquel lugar, hasta que el chico súper amable, me ofreció si queria quedarme en una de las 3 camas que tenia en la casita. Yo no me lo pensé 2 veces y acepte contentisima, sabiendo que hasta pude darme una ducha de agua caliente en su baño. Dormir refugiada en una cama, en medio de aquel lugar tan frio entre montañas nevadas, fue tener una suerte increíble sin duda.
El sábado 9 de noviembre, parecía que el tiempo me daba un respiro y dejaba paso al sol sin viento. Aquel día pude disfrutar mucho mas de los paisajes y hasta pude andar sin chaqueta tranquilamente. Fue una suerte porque fue el día que mas horas ande. También fueron una media de 20 kilómetros, pero esta vez tarde 8 horas, mientras los 2 días anteriores los había andado en 7 horas. Los motivos fueron principalmente dos: el primero fue que a media mañana me empezó a doler la rodilla izquierda, ya que ese día había muchos caminos de bajada y con la mochila, el peso que recaía sobre la misma era superior. El segundo motivo fue que la ultima media hora, el camino se volvía bastante peligroso porque era una zona muy descubierta donde el viento soplaba con fuerza y a la derecha se encontraba un precipicio de poca broma. Habia que ir con mucho cuidado, y además había unas cuantas subidas que hicieron que la recta final de aquel día fuera una autentica odisea. Como si de un regalo del cielo se tratara, apareció un palo clavado de pie entre unos matorrales, que me fue perfecto para irme apoyando del lado de la rodilla fastidiada.
Todos los dias, cuando llegaba a mi destino, sonaba una cancioncilla que decía Aleluya en mi interior. Pero aquel tercer día se habían unido todos los coros de Suramerica para gritar un Aleluya enérgico, cuando, como si de una aparición se tratara, empecé a vislumbrar el tercer camping donde pasaría la ultima noche de mi aventura. Medio coja y con pelos de loca por el viento, llegaba a recepción para solicitar mi parcela. Aquel era un camping de nivel, un poco mas caro que el del primer día (recordemos que el segundo era gratuito aunque yo dormi en una cama), pero con un servicio que incluía el montaje de la tienda, lo cual agradecí muchísimo. De nuevo tuve suerte, ya que tras comentar con el montador el frío que había pasado la primera noche, me reviso el saco y me dijo que era 2 veces mas grande que yo, lo cual dificultaba la concentración del calor. Muy amable, me ofreció un saco gratis, cuando normalmente había que pagar un alquiler del doble de lo que había pagado yo por el alquiler del mio. Y aquella pase hasta calor mientras fuera nevaba. Que feliz fui y de nuevo, que suerte tuve.
Por fin aquella noche me encontre con amigos. El primer dia en el barco antes de iniciar el camino, conoci por un lado, a Javier, un hombre madrileño recién jubilado que se había escapado a viajar unos meses por Suramerica, y por otro lado a Helena, una chica también de Madrid que estaba haciendo Erasmus en Santiago de Chile y viajaba con Alberto de Madrid, Alvaro de Burgos y Denis de Francia que también estudiaban en Chile. Tanto Javier como el grupo de estudiantes iniciaban el camino por otros lugares, por eso no había coincidido con ellos los dias anteriores. Aquella noche compartimos 2 botellas de vino en el bar del camping y Helena hasta me invito a unos fideos calientes a cambio de uno de mis sandwichs. Pasamos una noche divertida, y el domingo 10 de diciembre hicimos la ultima ascensión juntos.
Sin duda, este trekking fue una de las pocas cosas de este viaje, si no la única, que no volvería a hacer sola. Fue muy duro caminar tantos días sola por senderos desconocidos. Aunque era imposible perderse porque estaban muy bien indicados, la motivación y el ritmo que te proporciona compartir largas caminatas con alguien, no es comparable a hacerlo solo. Es verdad que me cruce con mucha gente por el camino, pero o eran parejas que iban a su ritmo, o grupos organizados o chicos solos que iban a paso muy ligero. Así que compartir el último día de caminata con un grupo de españoles, hizo que el paseo fuera mucho mas ameno. Aquel día además, veríamos el plato fuerte del trekking, ni mas ni menos que las famosas Torres del Paine, que justo unas semanas antes habían sido proclamadas la octava maravilla del mundo, ganando a nuestra querida Alhambra de Granada.
La ascensión fue dura, pero al menos el sol volvía a brillar y el viento era soportable. Entre risas, llegamos a las impresionantes torres de piedra, que se alzaban detrás de un precioso lago turquesa rodeado de montañas nevadas. Habíamos tenido suerte, porque horas antes la niebla había tapado la preciosa vista que nosotros pudimos admirar. Y es que en Torres del Paine, el tiempo era tan cambiante que podías tener las cuatro estaciones en un dia.
El problema llego en la bajada, ya que habíamos calculado el tiempo demasiado justo, teniendo en cuenta que teníamos que tomar el autobús a las 14:00, ya que el siguiente no era hasta las 19:00 de la tarde y ellos tenían que coger un vuelo a Santiago esa misma noche. El calculo de descenso estaba previsto en unas 3 horas, así que había que espavilar, aunque mas por su parte que tenían un vuelo. Finalmente me dejaron atrás y yo seguí como pude con mi bastón, que empezaba a tener la misma destreza que mi abuelo, y mi rodilla fastidiada. No quería quedarme hasta las 19 de la tarde, así que me invente una canción que fui repitiendo durante todo el camino en voz alta y decía así: un dos, un dos, voy a coger el autobús de las dos. Con un ritmillo tonto, me ayudo a mantenerme concentrada y motivada.
Yo encima para colmo tenía que recoger la tienda de campaña y la mochila, para lo cual el chico amable que me había dejado el saco, me ayudo a agilizar el desmontaje. Eran las 12:45 cuando salia del camping, y ni siquiera el chico tenia muchas esperanzas de que llegara a tiempo. La parte mas dura fue de nuevo la parte del precipicio con el viento, que esta vez soplaba con una fuerza sobrehumana que me hacia tambalearme como una borracha y hasta me hizo caer al suelo en un par de ocasiones con el peligro del arriesgado precipicio. Sobreviví a aquel tramo como pude, y a partir de aquel momento, todo era bajada de tierra y piedras.
Me senti una Tomb Raider mezclada con una cantarina chiflada, ya que no deje de tararerar ni un momento, lo que se había convertido en mi himno nacional. Y el resultado fue que llegue, y además 15 minutos antes de la salida del bus, donde me volví a encontrar a mis compis los españoles, que no se creían como había llegado. Otros 20 kilómetros, esta vez en 5 horas escasas, aunque contando que mucha parte era bajada. Pero igualmente, para haberse matao.
A partí de mi rodilla, mis manos eran de esparadrapo por el frío y mis labios estaban cortados por el viento seco. En la foto podéis ver como quedaron... una pena...
Superación personal máxima, una de las hazañas mas duras de mi vida. Pero conseguida! Una experiencia que no olvidare, os lo aseguro. Hasta Gloria, la mama del dulce hogar al que volví despues de mi trekking, me felicito y se sorprendió de que hubiera aguantado los 4 días con el mal tiempo que había hecho, ya que ella esperaba que volviera ante la imposibilidad de soportar el frío. Pero una vez estaba allí, ni se me paso por la cabeza abandonar.
Aquel día había una chica belga de couchsurfing y la familia preparo un riquisimo plato de pasta para cenar, del que comí una cantidad considerable, teniendo en cuenta la necesidad de un plato caliente que tenia. Aquella noche dormí como un bebe, dispuesta a seguir disfrutando de nuevas aventuras a partir del día siguiente.
Y aunque esta experiencia, a ratos fue dura, me quedo con una frase que dijo Javier, el recién jubilado madrileño y que dice asi: un mal día de viaje, siempre sera mejor que un día en la oficina. Y sin duda es una verdad como un templo :)
Viva las superaciones personales! Seguimos! Hasta la próxima historia! Besitos!
El miércoles 6 de noviembre continuaba mi ruta haciendo autostop desde una gasolinera a la salida de Punta Arenas. Unos 15 minutos despues una minivan de turismo que en aquellos momentos sólo iban el conductor y el guía se dirigían hacia Puerto Natales. Bingo! 2 hombres super simpacticos que además me sirvieron de introducción para saber un poco más sobre el trekking que me disponía a hacer en Torres del Paine. De camino paramos en una estancia que tenían que visitar para ver si era un buen lugar de parada cuando llevaran turistas. Allí pude ver ovejas, un animal de la familia de los camellos que a veces escupe y que vereis que salgo con el en una foto y el plato fuerte, dos pumas en una jaula. Resulta que por esta zona abundaban los pumas, y por la zona del trekking que iba a hacer era posible encontrarse con alguno. Yo habiendo visto aquellos dos ya era más que feliz y no me hacia especial emocion precisamente, encontrarme con alguno haciendo trekking...
Aquella tarde llegaba a mi nuevo hogar de Couchsurfing, esta vez distinto a los que había estado hasta ahora, pues se trataba de una entrañable familia con 2 hijos que llevaban alojando gente de todo el mundo desde el año 2007. Algo increíble. Gloria debe haberse convertido en la mamá de muchísimos viajeros que han pasado por allí. Tenían una habitacion exclusiva con 4 camas literas para gente de Couchsurfing y más de 160 opiniones buenas en su perfil de la web. Cuando llegue había 2 chicos más haciendo couch, uno de Ecuador y otro de Barcelona llamado Ferran que en cuanto me vio, me dijo "jo et conec". A mi no me sonaba para nada la cara, pero resulta que este chico era compañero de trabajo de Vincent en Tuenti Barcelona, muy fuerte! Había dejado la empresa hace un mes para empezar a viajar durante un año. Sencillamente, el mundo es un pañuelo! La pena es que los 2 chicos venían de hacer el trekking, asi que mi inicio del camino lo empezaria sola. Despues de que me dieran información sobre el trekking, decidí hacer el conocido circuito w durante 4 dias. Iría parando en campings a dormir, por tanto debía ir provista de saco, tienda, alfombrilla aislante del frío y comida suficiente. Como no quería cargar con mas peso adicional, decidí no llevar cocinilla y comer todos los dias frío. El material me lo alquilo la familia, que tenían como una especie de agencia de turismo. De esta forma la ayuda era mutua; los viajeros teníamos una casa para dormir y comida casera, y a cambio si queríamos podíamos alquilar el material allí directamente. Igual ocurría con los billetes de autobús para llegar hasta el parque de Torres del Paine, que también nos los podía suministrar la familia sin ningún tipo de comisión extra. La mujer era la que se encargaba de todo, ya que el marido trabajaba cada día en un ferry. Una familia honrada que tuvo la genial idea de empezar a alojar viajeros, de forma que ellos aprenden muchas cosas sobre las diferentes culturas del mundo, a la vez que reparten y reciben amor y agradecimiento de todos nosotros, los que tuvimos un hogar familiar por unos dias. Que bonito intercambio, y que bonito que existan personas que abran la puerta a un desconocido. Más sorprendida me quedé aún cuando me contaron que las dos ultimas navidades las habían pasado con personas de Couchsurfing que viajaban y estaban lejos de su familia. El último año acogieron a 18 personas de todo el mundo. Cada uno preparó diferentes platos de sus países y aquellas personas desconocidas, tuvieron la suerte de pasar unas Navidades en familia. Imaginad que cena de Navidad! Porque al final el que comparte, es el que más recibe. Mamá, a que estas esperando para hacer esto? Seguro que te va a encantar!
Siguiendo con mi día, aquella tarde fuimos a comprar al super junto con Ferrán y la hija de 14 años, mi comida a base de sándwich de jamón York y queso, galletas y chocolate, asi como queso y un helado cortesía de Ferrán, para las empanadillas de queso que Gloria nos iba a preparar aquella noche para cenar. Estuvierom riquisimas!
Antes de cenar tuve un incidente bastante tonto que fue tirar en el teclado de mi ordenador sin querer, un poco de líquido de unas olivas que me estaba comiendo en casa, con tan mala pata que el agua llegó hasta la placa madre y se quemó. El chico de Ecuador dio la casualidad que era reparador de ordenadores, asi que me lo abrió para ver si se podía hacer algo, pero finalmente el vereficto fue que había muerto. Por suerte el disco duro con toda la información, básicamente fotos, no se dañó, asi que tampoco fue tan grave. Aprovechando que Punta Arenas, la ciudad que estaba a 2 horas de Natales, tenía una zona franca donde se vendía de todo sin impuestos, decidí que despues de mi trekking iría para alla en busca de una tablet, que ya de paso podía servir de regalo de mi cumple aprovechando que me queda un mesecito jiji. No hay mal que por bien no venga :p
El jueves 7 de noviembre empezaba mi nueva aventura de trekking de montaña, con una super calentita chaqueta que me había dejado Gloria y que me vino genial. Sobre las 11 de la mañana ingresaba en el parque y esperaba un barco que me llevaría al inicio de la ruta. El tiempo no acompañaba mucho, y aquel sólo era el inicio de 4 dias que fueron duros, muy duros.
Sólo empezar un violento viento azotaba con fuerza a la vez que nevaba de forma continuada. El inicio del camino fue de 4 horas hasta llegar al primer camping, un camino complicado por el tiempo y por las miles de piedras y desniveles que había que superar con el correspondiente peso de la mochila sobre mi espalda. La ruta iba bordeando un enorme lago helado rodeado de montañas nevadad. Desde aquella parte de la ruta, lo principal era visitar un glaciar llamado Grey que si querías tener las vistas aéreas más espectaculares, había que hacer un camino de una hora y media más de ida y lo mismo de vuelta desde el camping. Lo bueno era que ya no había que cargar la mochila, asi que, despues de montar la primera tienda de campaña de mi vida yo sola, me enfile rumbo al mirador a las 18:00 de la tarde, teniendo en cuenta que anochecia sobre las 21:00-21:30.
Pensaba que no iba a llegar nunca, cuando en el momento más inesperado pude contemplar una vista impresionante que me dejó con la boca abierta y diciendo "guau" repetidas veces. Yo sola frente aquel espectáculo. Puesta de sol por un lado, un enorme glaciar visto desde las alturas y la nieve y el viento que no me dejaron respirar ni un momento. Aquel camino había estado cerrado durante meses por un desprendimiento de unas escaleras que había para pasar entre 2 montañas. Justo el día que yo empezaba el trekking, se había vuelto a restaurar, aunque la mayoría de personas no lo sabía todavía y por eso no me encontré a nadie por el camino. Yo simplemente lo supe porque pregunté al llegar al camping. Quien me hubiera dicho a mi antes que iba a caminar tantas horas sola por la montaña. En que líos me meto jeje!
Un total de 7 horas caminando alrededor de 18 km, tuvieron de recompensa una ducha de agua caliente y una sala calentita para preparar comidas, aunque yo iba con mis sandwichs sosos y fríos que al cuarto día aborreci pero mucho. Cuando llego la hora de dormir el frío no se quiso separar de mi, y pase una de las noches más frías que por el momento recuerdo de mi vida. Tuve que dormir con la chaqueta y todo, pero por más que me acurruque de mil maneras en aquel se supone que calentito saco que había alquilado, el frío me dejó los huesos tiritando. Por la mañana estaba medio inmóvil y no había valor a salir de aquel saco, que al menos seguro que era menos frío que lo que me esperaba fuera. Con fuerza, valor, coraje y lo que todavía no esta inventado, me vestí como pude dispuesta a empezar mi segundo día de caminata. Cualquiera que me conozca sabe que odio el frío, asi que lo pase realmente mal.
El segundo día ni el viento ni la nieve me dejó respirar tranquila, asi que un total de poco más de 20 km que hice como pude y a duras penas con la única compañia de la pesada mochila. Los paisajes eran preciosos por supuesto, aunque a veces la niebla también hacia de las suyas. Diría que este fue el día más duro por el frío. La incertidumbre de caminar sola por un camino que no conoces y que no sabes bien cuando vas a llegar, a veces es desesperante si se suma al cansancio y al frío. Intentaba motivarme, pero era difícil esquivar el pensamiento de decirme a mi misma como me había metido en ese envolao yo sola, con lo bien que estaría en alguna playita por el norte con el solecito. s como poner un camello en el polo norte. No es su hábitat... El siguiente camping era gratuito, lo cual queria decir que no había ni duchas ni siquiera un triste grifo. Monte mi tienda hecha ya una experta, y fue a preguntarle al guardabosques sobre el camino que me esperaba mañana. Tuve que tener cara de frío, que la tenía, porque me invito a entrar en su caseta con una calefacción que fue un regalo de Dios, y hasta un te calentito. Alargue la conversación lo que pude para no irme del calor de aquel lugar, hasta que el chico súper amable, me ofreció si queria quedarme en una de las 3 camas que tenia en la casita. Yo no me lo pensé 2 veces y acepte contentisima, sabiendo que hasta pude darme una ducha de agua caliente en su baño. Dormir refugiada en una cama, en medio de aquel lugar tan frio entre montañas nevadas, fue tener una suerte increíble sin duda.
El sábado 9 de noviembre, parecía que el tiempo me daba un respiro y dejaba paso al sol sin viento. Aquel día pude disfrutar mucho mas de los paisajes y hasta pude andar sin chaqueta tranquilamente. Fue una suerte porque fue el día que mas horas ande. También fueron una media de 20 kilómetros, pero esta vez tarde 8 horas, mientras los 2 días anteriores los había andado en 7 horas. Los motivos fueron principalmente dos: el primero fue que a media mañana me empezó a doler la rodilla izquierda, ya que ese día había muchos caminos de bajada y con la mochila, el peso que recaía sobre la misma era superior. El segundo motivo fue que la ultima media hora, el camino se volvía bastante peligroso porque era una zona muy descubierta donde el viento soplaba con fuerza y a la derecha se encontraba un precipicio de poca broma. Habia que ir con mucho cuidado, y además había unas cuantas subidas que hicieron que la recta final de aquel día fuera una autentica odisea. Como si de un regalo del cielo se tratara, apareció un palo clavado de pie entre unos matorrales, que me fue perfecto para irme apoyando del lado de la rodilla fastidiada.
Todos los dias, cuando llegaba a mi destino, sonaba una cancioncilla que decía Aleluya en mi interior. Pero aquel tercer día se habían unido todos los coros de Suramerica para gritar un Aleluya enérgico, cuando, como si de una aparición se tratara, empecé a vislumbrar el tercer camping donde pasaría la ultima noche de mi aventura. Medio coja y con pelos de loca por el viento, llegaba a recepción para solicitar mi parcela. Aquel era un camping de nivel, un poco mas caro que el del primer día (recordemos que el segundo era gratuito aunque yo dormi en una cama), pero con un servicio que incluía el montaje de la tienda, lo cual agradecí muchísimo. De nuevo tuve suerte, ya que tras comentar con el montador el frío que había pasado la primera noche, me reviso el saco y me dijo que era 2 veces mas grande que yo, lo cual dificultaba la concentración del calor. Muy amable, me ofreció un saco gratis, cuando normalmente había que pagar un alquiler del doble de lo que había pagado yo por el alquiler del mio. Y aquella pase hasta calor mientras fuera nevaba. Que feliz fui y de nuevo, que suerte tuve.
Por fin aquella noche me encontre con amigos. El primer dia en el barco antes de iniciar el camino, conoci por un lado, a Javier, un hombre madrileño recién jubilado que se había escapado a viajar unos meses por Suramerica, y por otro lado a Helena, una chica también de Madrid que estaba haciendo Erasmus en Santiago de Chile y viajaba con Alberto de Madrid, Alvaro de Burgos y Denis de Francia que también estudiaban en Chile. Tanto Javier como el grupo de estudiantes iniciaban el camino por otros lugares, por eso no había coincidido con ellos los dias anteriores. Aquella noche compartimos 2 botellas de vino en el bar del camping y Helena hasta me invito a unos fideos calientes a cambio de uno de mis sandwichs. Pasamos una noche divertida, y el domingo 10 de diciembre hicimos la ultima ascensión juntos.
Sin duda, este trekking fue una de las pocas cosas de este viaje, si no la única, que no volvería a hacer sola. Fue muy duro caminar tantos días sola por senderos desconocidos. Aunque era imposible perderse porque estaban muy bien indicados, la motivación y el ritmo que te proporciona compartir largas caminatas con alguien, no es comparable a hacerlo solo. Es verdad que me cruce con mucha gente por el camino, pero o eran parejas que iban a su ritmo, o grupos organizados o chicos solos que iban a paso muy ligero. Así que compartir el último día de caminata con un grupo de españoles, hizo que el paseo fuera mucho mas ameno. Aquel día además, veríamos el plato fuerte del trekking, ni mas ni menos que las famosas Torres del Paine, que justo unas semanas antes habían sido proclamadas la octava maravilla del mundo, ganando a nuestra querida Alhambra de Granada.
La ascensión fue dura, pero al menos el sol volvía a brillar y el viento era soportable. Entre risas, llegamos a las impresionantes torres de piedra, que se alzaban detrás de un precioso lago turquesa rodeado de montañas nevadas. Habíamos tenido suerte, porque horas antes la niebla había tapado la preciosa vista que nosotros pudimos admirar. Y es que en Torres del Paine, el tiempo era tan cambiante que podías tener las cuatro estaciones en un dia.
El problema llego en la bajada, ya que habíamos calculado el tiempo demasiado justo, teniendo en cuenta que teníamos que tomar el autobús a las 14:00, ya que el siguiente no era hasta las 19:00 de la tarde y ellos tenían que coger un vuelo a Santiago esa misma noche. El calculo de descenso estaba previsto en unas 3 horas, así que había que espavilar, aunque mas por su parte que tenían un vuelo. Finalmente me dejaron atrás y yo seguí como pude con mi bastón, que empezaba a tener la misma destreza que mi abuelo, y mi rodilla fastidiada. No quería quedarme hasta las 19 de la tarde, así que me invente una canción que fui repitiendo durante todo el camino en voz alta y decía así: un dos, un dos, voy a coger el autobús de las dos. Con un ritmillo tonto, me ayudo a mantenerme concentrada y motivada.
Yo encima para colmo tenía que recoger la tienda de campaña y la mochila, para lo cual el chico amable que me había dejado el saco, me ayudo a agilizar el desmontaje. Eran las 12:45 cuando salia del camping, y ni siquiera el chico tenia muchas esperanzas de que llegara a tiempo. La parte mas dura fue de nuevo la parte del precipicio con el viento, que esta vez soplaba con una fuerza sobrehumana que me hacia tambalearme como una borracha y hasta me hizo caer al suelo en un par de ocasiones con el peligro del arriesgado precipicio. Sobreviví a aquel tramo como pude, y a partir de aquel momento, todo era bajada de tierra y piedras.
Me senti una Tomb Raider mezclada con una cantarina chiflada, ya que no deje de tararerar ni un momento, lo que se había convertido en mi himno nacional. Y el resultado fue que llegue, y además 15 minutos antes de la salida del bus, donde me volví a encontrar a mis compis los españoles, que no se creían como había llegado. Otros 20 kilómetros, esta vez en 5 horas escasas, aunque contando que mucha parte era bajada. Pero igualmente, para haberse matao.
A partí de mi rodilla, mis manos eran de esparadrapo por el frío y mis labios estaban cortados por el viento seco. En la foto podéis ver como quedaron... una pena...
Superación personal máxima, una de las hazañas mas duras de mi vida. Pero conseguida! Una experiencia que no olvidare, os lo aseguro. Hasta Gloria, la mama del dulce hogar al que volví despues de mi trekking, me felicito y se sorprendió de que hubiera aguantado los 4 días con el mal tiempo que había hecho, ya que ella esperaba que volviera ante la imposibilidad de soportar el frío. Pero una vez estaba allí, ni se me paso por la cabeza abandonar.
Aquel día había una chica belga de couchsurfing y la familia preparo un riquisimo plato de pasta para cenar, del que comí una cantidad considerable, teniendo en cuenta la necesidad de un plato caliente que tenia. Aquella noche dormí como un bebe, dispuesta a seguir disfrutando de nuevas aventuras a partir del día siguiente.
Y aunque esta experiencia, a ratos fue dura, me quedo con una frase que dijo Javier, el recién jubilado madrileño y que dice asi: un mal día de viaje, siempre sera mejor que un día en la oficina. Y sin duda es una verdad como un templo :)
Viva las superaciones personales! Seguimos! Hasta la próxima historia! Besitos!

Hola Juana
ResponderEliminarBueno veo que ni la naturaleza puede impedir realizar tú sueño
Sigue a si de fuerte y positiva
Un abrazo
Juli