Fue genial. Estas Navidades en familia fueron geniales. Dicen que no importa dónde, sino con quien. En cualquier lugar del mundo hubieran sido unas Navidades especiales, pero debo decir que Cusco ayudó a que fueran más bonitas aún si cabe.
Despues de dormir unas pocas horas la noche del 23 de Diciembre recién llegada a Cusco, a las 6:30 de la mañana mis padres y mi hermana aterrizaban en Cusco, Peru, con una gran sonrisa de oreja a oreja, aunque sufriendo algunos pequeños síntomas relacionados con el mal de altura.
La familia Moreno estaba al completo, dispuesta a pasar unas Navidades de rechupete. Aquellos dias me olvidaría de mi faceta de mochilera, para vivir a tope la vida del turista en buenos hoteles, con buenas comidas y hasta con tours organizados. Todo un lujo para mi sin duda!
El 24 de Diciembre sería un día de adaptación a la altura, asi que a parte de descansar y dar un paseito para familiarizarnos con las bonitas calles estrechas y empedradas, poco más haríamos para aprovechar el día. Lo mejor era reservarse para la cena de Nochebuena que además coincidía con el cumpleaños de mi hermana, asi que al anochecer iniciamos nuestra ruta navideña paseando por un enorme mercado que celebraban solo una vez al año en la famosa Plaza de armas de Cusco. Como buenos turistas, no faltaron las compras de alguna que otra artesanía del país. Nuestros estómagos nos alertaron de la hora de cenar, asi que despues de comparar varios restaurantes, elegimos uno que rodeaba la Plaza de armas y tenía vistas geniales a la misma. Una cena entrañable y muy rica, hasta con champán peruano incluido.
El día 25 de Diciembre, despues de dar un paseo por la Plaza de Armas, nos embarcamos en un tour por los alrededores de Cusco, para visitar algunas de las muchas ruinas arqueológicas que dejaron los famosos Incas.
El día 26 comenzamos el día temprano rumbo a Ollantaytambo, un pequeño pueblo a 2 horas de Cusco con una construcción inca increíble. Es asombrosa la perfección en el diseño y pulido de las piedras, y cuesta creer la gran fuerza que tenian para transportar las piedras de lugares lejanos. Sin duda la expresión de trabajo de chinos también se podría equiparar a trabajo de incas. Si vi algo curioso de aquel lugar fue que volví a ver los famosos tuc-tucs o rickhsaw de Asia, aquellos taxi motocicletas con asientos y techo de lona incorporado, a los que les regalaba la vida cada vez que utilizaba uno entre el caótico trafico de Asia. Fue una sorpresa agradable y un recuerdo bonito que seguí viendo en los distintos pueblos durante mi viaje en Perú y por supuesto, también acabe utilizando encantada de la vida.
El motivo principal de estar en este pueblecito era tomar un tren que nos llevaría hasta el ansiado Machu Picchu. Aquella tarde llegaríamos a Aguas Calientes, un pueblecito hecho y dedicado exclusivamente para el turismo, donde además había unas aguas termales naturales en las cuales mi hermana y yo nos remojamos un ratito. Una vez comprados los tickets de autobús y las entradas del Machu Picchu, teníamos todo el kit para poder visitar una de las maravillas del mundo, con el correspondiente hachazo en la espalda que supone el trenecito, autobús y tickets de acceso. No olvidemos que las maravillas se pagan señores.
El viernes 27 de Diciembre mi hermana y yo nos levantabamos 3 horas antes que mis padres para subir la montaña del Machu Picchu, una cima de unas 2 horas y media de subida y bajada en total. Lo más divertido eran las miles de escaleras empinadas que había que subir, teniendo en cuenta el constante ahogamiento que provoca estar a más de 3500 metros sobre el nivel del mar. Porque por mucho que tomes coca o reces un rosario, nuestros pulmones no están habituados a esa falta de oxígeno que se hace notar a la que subes 2 escaleras o te da por andar un poco rápido. Fue una sensación que tuvimos durante toda nuestra estancia en Cusco y alrededores. Lo de andar y hablar había que dejarlo para los valientes.
Al llegar a la cima, las vistas de la construcción del Machu Picchu eran impresionantes. Era tanta la altura a la que estábamos, que casi se podía coger con la mano toda la construcción. Las nubes estuvieron juguetonas y a ratos nos tapaba la vista, pero al final se acabaron portando bien y pudimos tomar las correspondientes fotos.
A las 10:30 de la mañana habíamos quedado con mis padres para iniciar la visita de aquella ciudad empedrada de los incas. Esta maravilla construida antes de Cristo por los trabajadores incas, fue descubierta en 1911 por casualidad, muchísimos años despues de su construcción. Una ciudad completamente hecha de piedras perfectamente delineadas y colocadas formando paredes que han sobrevivido miles y miles de años. Impresionante! Las enormes montañas adornaban la imponente ciudad de forma que parecía que en cualquier momento iban a engullir la construcción.
La visita por la ciudad indestructible fue muy bonita y disfrutamos mucho. La lluvia quiso acompañarnos al final de la visita, aunque nuestros ponchos antisexys cumplieron bien su función y estuvimos bien protegidos. Además, era curioso ver a toda la ciudad con puntitos de colores, que venían siendo los plásticos antilluvia que llevaba todo el mundo. Machu Picchu, un lugar para recordar. Preparad el bolsillo, los pulmones, la cámara, vuestra mejor sonrisa y la vista para disfrutar de cada detalle.
Los peruanos no son tan supersticiosos como los bolivianos, pero si creen mucho en sus dioses, es por ello que hay muchas historias de ofrendas y lugares sagrados alrededor del Machu Picchu, y en general de cualquier construcción inca.
Por la tarde regresamos de vuelta a Cusco en el tren, donde los azafatos hicieron un pase de modelos por el pasillo de prendas de alpaca, el tejido por excelencia de Peru y de Bolivia. Y aunque no compre nada en el tren, dias atrás ya me había equipado comprando un jersey de alpaca en un mercado, asi como unas bambas rosas muy divertidas de cenefas. Digamos que yo ya iba a la moda peruana totalmente jeje.
El sabado 28 de diciembre nuestra ruta continuaba rumbo a la ciudad de Puno, donde visitariamos el lago Titicaca del lado peruano. Tomamos un bus turístico (de esos que yo nunca tomaba) que iba haciendo paradas para visitar diferentes lugares, principalmente una iglesia que anteriormente había sido de los incas hasta que los españoles nos adueñamos, una ruinas incas de lo que había sido una ciudad y un pueblito muy típico que además estaba de fiesta.
Un viaje entretenido, aunque yo estuve un poco mareada con el mal de altura que hasta ese día lo había soportado bien. A la llegada a Puno, pudimos observar fácilmente que no era una ciudad tan turística como Cusco, llena de mercados para los locales y con un ambiente más caótico. Aunque como diria yo, una ciudad mucho más auténtica. En el hotel nos dieron la suite con hidromasaje y un salón a parte de la habitacion, vamos igualito a los lugares donde yo siempre he dormido durante mi viaje jeje.
Aquella tarde paseamos por algunas calles de Puno y dimos por concluido el día con una cena en la que me reencontre con mi amiga francesa Caroline.
El día 29 un sol abrasador nos dio los buenos dias y nos acompaño durante nuestro paseo en barquito para llegar a las islas flotantes de Uros, situadas en el lago Titicaca. Quizás un tanto turísticas, pero pasamos una mañana agradable en el lago, que concluimos iendo a comer a unas terracitas que había junto al lago y donde nos pusimos las botas con unos platos de comida increíblemente abundantes. Aquella comida demandaba una siesta a gritos, asi que todos nos fuimos a descansar y digerir aquel festín. Una fuerte tormenta por la tarde, que nos recordó que estábamos en la época de lluvias, no nos dejó salir a pasear más, aunque eso no impidió que no nos divirtieramos jugando al Uno en el hotel.
El lunes 30 de diciembre volvíamos a Cusco, listos para pasar fin de año en una ciudad con ambiente asegurado. Despues de comer en un restaurante típico peruano, sobretodo por la hora que tuvimos que esperar para recibir los platos, nos fuimos a ver unos bailes regionales típicos que fueron muy bonitos y entretenidos.
El martes 31 estuvimos visitando el templo del sol, un lugar donde se mezclaba la arquitectura inca con la cristiana. Estuvimos paseando por algunas de las calles comerciales de Cusco casi como unos ciudadanos más, pues ya conocíamos la ciudad a la perfeccion. Despues de una comida ligerita, volvimos al hotel a descansar y a acicalarnos para la última cena del año 2013. Fuimos unos.privilegiados, pues cenamos en un restaurante con vistas a la Plaza de armas, que aquella noche se convertía en algo parecido a la Puerta del sol madrileña. Música en vivo, fuegos artificiales, mucha gente, entre ellos muchos turistas, y buen ambiente! Los peruanos también tenían la gran tradición de comer las 12 uvas, aunque el color tanto de la ropa interior como de los adornos era el amarillo, como podréis ver en las fotos.
15 minutos antes de las 12 de la noche me reunía con Caroline, mi amiga francesa, y Azura y Jazz, mis amigas alemana y francesa, con quien me comería las uvas en la plaza abarrotada. Un nuevo año, que no se si empezó 10 segundos antes o despues porque había una pantalla que decía 10 segundos y un presentador que contaba desde el 20, pero lo importante es que empecé un nuevo año, con mi familia, con nuevas amigas y con la mochila cargada de felicidad y nuevas experiencias que nunca olvidaré gracias a este maravilloso viaje. Espero el 2014 con la misma ilusión y ganas y con nuevos sueños a cumplir.
Despues de brindar con mis padres, mi hermana y mis amigas nos fuimos al Loki hostel, el hostal por excelencia de los mochileros en el que nunca falta la fiesta. Lo pasamos muy bien, bailamos y reímos hasta que el cuerpo aguantó, y al día siguiente me levanté como una rosa :)
El día 1 de enero fui un día relajado y acabamos el día junto con Caroline en un bar de un dueño español con muy buen ambiente, música española y lo mejor, la actuación de cante, guitarra y cajón peruano de música conocida de todo tipo, desde Sabina y Manu Chao, hasta Bob Marley y los Beatles. Fue increíble, 2 chicos peruanos que pusieron todo el buen rollo y energía para empezar el año con alegría y buen ritmo.
El día 2 hacíamos un tour para visitar Mantay, unas ruinas incas que utilizaban para plantaciones de agricultura y que tenían forma redondeada, como una especie de plaza de toros con diferentes niveles, cada uno para plantar distintos tipos de vegetales.
El tour continuo visitando unas salineras enormes donde había diferentes tipos de sal, la marrón para el consumo animal, y la blanca para los humanos. Además elaboraban una sal rosada muy cara y exportada a diferentes lugares del mundo. Hoy en día se trabaja por cooperativas y da trabajo a los pueblos de alrededor. Fue divertido hacerse fotos en aquel lugar blanco y dividido por sectores, rodeado de altas montañas y con pequeñas lagunas.
Por la tarde fuimos a un museo y despues volvimos al centro de los bailes regionales a ver más bailes típicos, ya que nos habían gustado mucho y podíamos entrar gratis con unos tickets que teniamos.
Llegó el día 3 de enero... día de la separación. El vuelo de vuelta de mis padres y mi hermana era la tarde del 3 de enero, asi que aquella mañana aprovechamos para visitar algunos museos que teniamos incluidos en un ticket, entre ellos la casa del escritor Garcilaso de la Vega, hijo de madre inca y padre español que nació en Peru durante la época colonial en Suramérica, y que aunque vivió la mayor parte de su vida en España, se encargó de escribir como fue la cultura inca antes de la llegada de los españoles. Sus textos son muy preciados por los peruanos ya que gracias a ellos han podido tener mucha información sobre los incas.
Por la tarde nos despedimos con un hasta pronto, pues ya estoy casi al final de mi viaje y el reencuentro no será muy lejano.
Yo aquella tarde a las 19:00 también me despedía de Cusco y tomaba un autobús rumbo a Arequipa, para visitar el cañón Colca haciendo un tour de 2 dias.
Fueron 11 dias muy bonitos que estoy segura recordaremos por mucho tiempo. Vacaciones navideñas en Peru de la familia Moreno.
Hasta la próxima!!!!
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