El miércoles 9 de octubre por la noche cogía un tren nocturno rumbo a
Bikaner, una ciudad exclusivamente de paso para llegar a otra llamada
Amritsar. Fue un tren de lo más incómodo, ya que ni siquiera era sleeper
(es decir, no tenía una cama para dormir), y tampoco asientos
numerados, asi que aquello era un "pilla lo que puedas". Por suerte
conocí a un chico libanés primero, y al poco rato nos juntamos con una
chica francesa y una americana que viajaban juntas y se habían conocido
viajando. Una pareja curiosa puesto que la chica americana tenía 29 años
y la francesa sólo 19. Su plan era pasar 6 meses en la India. Guau que
valiente con esa edad. Por lo visto sus padres eran unos viajeros
innatos, tanto que cuando ella tenía sólo 10 años ya se la habían
llevado a viajar por la India durante 7 meses. Pasamos un viaje ameno en
buena compania, ya que fue imposible dormir en aquellos asientos.
Yo no hacia noche en Bikaner, pero ell@s si, asi que fue genial
porque pude dejar mi mochila en su habitacion y hasta pegarme una ducha
por la tarde. Puesto que mi autobús no salía hasta las 18:00 de la
tarde, me fui sin dormir a ver lo único interesante en aquella ciudad:
el templo de las ratas. Estuve bastantes dias planteandome si entrar o
no, pero finalmente me lo puse como un reto y una nueva experiencia,
aunque fuera poco agradable.
Desayune con los compis de tren y me fui en busca del autobús que me
llevaría al extraño templo. Despues de una hora de camino, aterrice en
aquel lugar que daba la bienvenida con un monton de puestecitos de venta
como si de una feria se tratase. Y es que aquello era una feria puesto
que había una celebración importante en torno al templo de las ratas.
Había muchísima gente en la calle, pero mucha más haciendo cola para
ofrecer ofrendas a las ratas, que eran ni más ni menos que diosas
sagradas.
Yo tuve suerte y pude colarme entrando por la puerta de salida, donde
ya desde el inicio empezaba a pensar que estaba haciendo yo ahí. Empecé
a ver las primeras enganchadas en unas rejas. El caso es que estaban
super tranquilas, como en su casa vaya. No corrían prácticamente, muchas
dormian y estaban totalmente ajenas a todo el jaleo de gente que había
alrededor. Cuando las vi tan tranquilas yo también me tranquilice.
Ademas su tamaño, aunque no pequeño, tampoco era desorbitado como esas
tan grandes q sólo ves en las películas.
La ofrenda de los fieles era una especie de dulce tipo miel pero
menos liquido. Luego había unos hombres que se encargaban de recolectar
toda esa cantidad de dulce, pero no me quedo claro quien se comía eso
luego. Una vez entregada la ofrenda, tenían que hacer una especie de
paseo sagrado en un túnel en el que por supuesto te ibas encontrando
ratas. Yo hice el paseito a contracorriente puesto que habia entrado por
la salida. Asi que, además de andar mirando al suelo con todo el
cuidado del mundo de no tropezarme con una amiguita, tenía que ir
esquivando a la gente. Con el sobresfuerzo añadido de intentar no poner
cara de asco cuando veía algunas que correteaban, ya que es importante
remarcar que como en todos los templos, había que entrar descalzo. El
toque final lo daba el desagradable olor que impregnaba el templo. No
dejaban de ser ratas, asi que oler olía.
Y mientras yo intentaba evitar la cara de asco, los indios cada vez
que veían a un grupo de ratas, se paraban para adorarlas y hacerles
gestos de respeto. Se dice que si te toca una rata del templo, eres
afortunado. Yo prefiero ser afortunada tirando la moneda a la fuente la
verdad.
Si, tengo que admitirlo, fue un poco asqueroso todo en si. Hasta la
acumulacion de esa ofrenda dulce era desagradable. Por no decir como
acabaron de negros mis pies. Siempre voy descalza en los templos, pero
esta vez debía haber algun añadido más que ensuciaba el suelo. Cual
seria?¿
Pero sabéis que, que lo hice y estoy contenta de ser capaz de meterme
donde sea. Asi es como se consiguen metas, superando miedos. La próxima
vez que vea a una rata, la miraré de diferente manera. O eso espero
jeje.
Despues de aquella experiencia volví a Bikaner, una ciudad caótica y
llena de tráfico donde encontré un bar con un jardincito y se podía
respirar un poco de calma. Recogí mi mochila del hostal de los compis del tren y cogí el bus de
12 horas rumbo a Amritsar. Aquí me pegue el lujo de coger un sleeper con
cama en vez de un sitio sentada, ya que digamos que llevaba un día sin
dormir.
El viernes 11 de octubre a las 6 de la mañana llegaba a la ciudad
sagrada de Amritsar, famosa por el maravilloso templo dorado, el mayor y
más importante de la comunidad de los siks. Ya tuve la oportunidad de conocer de cerca a personas de esta
religión en mi primer viaje a la India, ya que compartí con ellos un
trayecto en tren. Es verdad que en un principio la apariencia no invita a
acercarte a ellos. Todos llevan un pañuelo, la mayoría negro, con el
que se tapan el pelo largo y normalmente se lo rodean con un moño que se
ponen muy cerca de la frente, como si fuera el cuerno de un unicornio.
Además, muchos tienen la barba muy larga y visten con túnicas largas,
con lo cual a primera vista podría recordar a los talibanes o alguno de
estos.
Pero no, resulta que son personas de gran corazon dispuestas a
ayudarte y muy hospitalarios. Fijaros hasta que punto lo son, que tienen
alojamiento y comida gratuita para todos los visitantes. Y cuando digo
visitantes también incluyó turistas extrangeros, asi que allí que fui a
dormir yo por supuesto. Tienen una zona especial reservada para
turistas, una especie de dormitorios colectivos super limpios.
Asi que lo
primero que hice cuando llegue fue dormir unas horas y a media mañana empece mi
visita en aquel comedor colectivo impresionante. Trabajaban en línea como si de
una fabrica de coches se tratase. Era increíble. Pero estaba claro que si
querían que aquel comedor para 50.000 personas diarias funcionara, tenían que
trabajar en equipo. Nos acomodaban en salas enormes sentados en largas líneas
en el suelo, y varios repartidores iban llenando la bandeja de comida con una
destreza y rapideza y increible. Arroz,
chapati y dal (una salsa de lentejas tipica de la India) era el menú habitual.
No había horarios, repartían comida las 24 horas, y es que el templo tampoco
tenia horario de cierre. Los limpia platos también trabajaban en equipo de una
forma incrleíble. Todo en conjunto era un verdadero espectáculo. La sensación
de compartir con miles de fieles siks la comida, os aseguro que no tenia
precio.
A toda la zona
del templo solo se podía pasar descalza y con un pañuelo tapando la cabeza, asi que
utilizando el estilo de los sharis de las mujeres indias, me coloque mi único
pañuelo blanco. Desde ese mismo momento me sentí mas india, mas adaptada a
ellos y por tanto, pasaba mas desapercibida.
Solo se
respiraban buenas energias en aquel magnifico lugar sagrado. Familias enteras,
ninos, parejas, grupos de jóvenes y gente mayor, se reunian en el templo dorado
para dar su donación a su Dios. El templo estaba rodeado por un tranquilo lago
donde algunos devotos hacían su bano sagrado. Solo se podía llegar al interior
del templo a través de una pasarela en la cual la cola de gente era
increíblemente larga, asi que yo decidi no entrar, porque no iba a dar ninguna
donación y lo bonito del templo era el exterior y todo lo que rodeaba aquel
lugar.
Cargada de buenas energias, sali del templo sagrado y me dispuse a
pasear por la ciudad, en busca de una buena oferta para mi actividad de
la tarde: llegar a la frontera con Pakistán. Todos los dias del año, la frontera de India con Pakistán se abría
por unos segundos en señal del continuo enfrentamiento entre ellos. Todo
un espectáculo. Costaba creer que eso pasara absolutamente todos los
dias.
Aquello parecía un concierto de los Rollins Stones como minimo. Unas
gradas enormes abarrotadas de indios alegres y con una animación
espectacular, donde además los extranjeros teniamos una zona reservada
sólo para nosotros.
Por motivos de seguridad no se podía pasar con ninguna mochila, asi
que había que dejarla en puestos de comida que tenían una especie de
guardaropa. Arriesgue bastante, pues yo la deje en un puesto que vendía
cigarrillos y poca cosa más, básicamente porque era más barato que otros
sitios, con el pequeño detalle que se trataba de un puesto móvil que en
cualquier momento podía desaparecer puesto que no era un local en si.
Confianza ciega que con mi habitual suerte fue genial y sin imprevistos.
La animación del lugar no tenía desperdicios. Como podía haber tanta
gente en el lado indio? Serian turistas locales? Como podía pasar eso
todos los dias?! Que locura! Aunque el lado de Pakistán no lo veía muy
bien, no había mucha gente, ya que los gritos no eran ni una pequeña
parte que los del lado indio. Un presentador voceaba palabras que aunque
no entendía, sin duda servían para realzar el patriotismo de la India,
ya que todos repetían sus frases al unísono. Creo que fue la primera vez
que vi a los indios tan orgullosos de ser indios. Me encantaba!
El subidón llegó cuando pusieron música de bollywood india, una de
ellas super conocida en Europa también por la película india tan famosa
que ahora no recuerdo el nombre. Todo el pasillo donde más tarde se
vería el espectáculo con los soldados, durante la música se abarroto de
chicas jóvenes que bailaban y gritaban como si no hubiera un mañana. No
pude resistirlo, y me uní a ellas. Enseguida varios grupos de chicas me
acogieron y me decian repetidamente, 'enjoy, enjoy, dance, dance '
(disfruta, disfruta, baila, baila). Fue sencillamente genial. Me sentí
más india que nunca. Ahí estaba, bailando, saltando y gritando rodeada
de indias felices y libres. Fue un subidón de adrenalina! Una de ellas
me pregunto, 'do you love India?' (amas a India?) y por supuesto grite
'I love India' más feliz que nunca, una frase que he utilizado
habitualmente durante todo mi viaje en la India cada vez que hablaba con
indios.
La musica cesó y todo el grupo de mujeres bailarinas dimos paso a los
soldados, aunque antes varios grupos de ninas corrieron ondeando la bandera india. Los soldados, con unos trajes característicos y unos zapatos tipo zancos
con una plataforma enorme, aquellos hombres iban desfilando uno a uno
dando grandes y agresivas zancadas hasta llegar a la puerta de Pakistán.
Allí, hacían un gesto de enfrentamiento con los soldados del lado
contrario, y volvian a su amado país. Todo esto animado con el
presentador que iba diciendo frases alternando con el presentador del
lado pakistaní. Y vuelvo a repetir, esto todos los dias? Increíble...
Aquel día, aunque la comida 24 horas en el templo era gratis,
necesitaba variar un poco el menu asi que me fui a cenar algo y di por
terminado mi completo día.
El sábado 12 de octubre, despues de dormir hasta las 11 de la mañana,
pues necesitaba un sueño reparador, volví al comedor sagrado y a
llenarme de buenas energías paseando con mi pañuelo por el templo
dorado.
Me despedí de Amritsar con muy buen sabor de boca y recordando algo
tan sencillo como que la mayoría de gente en el mundo es buena. Y
Amritsar era un clave ejemplo de ello.
A las 14:30 cogía un bus local que me llevaría a mi último destino en
mi India bonita: Manali, un lugar rodeado de increibles montañas de
nieve pertenecientes a la gran cordillera del Himalaya.
No hay comentarios:
Publicar un comentario