El 1 de diciembre por la mañana Omer y yo nos despediamos de Carla y tomábamos un bus rumbo a Salta, la parte norte de Argentina y donde pasaria mis últimos dias en el pais. Después de 18 horas, el lunes temprano llegábamos al nuevo destino, donde nos alojariamos en un hostal de mochileros gratis. Sisi, gratis. Resulta que celebraran un aniversario y regalaban habitaciones, y aquí una servidora que se entera de todo, por supuesto ya tenia mi reserva hecha, incluido para Omer y Robin, ya que nos reencontrariamos con él el mismo lunes por la noche.
Hacia tiempo que no pisaba un hostal, y la verdad es que me apetecía estar entre mochileros, y aquel hostal era perfecto. Aunque a 30 minutos del centro, pero con autobuses constantes, había un ambiente ideal, situado en medio del campo y con todo tipo de entretenimientos para socializarte con la gente. Una pena que la piscina no funcionaba por falta de agua, pero había una sala enorme con billar, futbolín, bar y una fiesta cada noche. Hasta desayuno gratis teníamos, así que fue llegar y relajarnos en el hostal. A Omer se le ocurrió ir a correr por los alrededores antes de ir a conocer Salta, así que como buen experto en la armada después de 3 años como militar, hizo de buen instructor para que no perdiera el ritmo hasta con sesion de abdominales incluidas al final.
Listos para conocer Salta, paseamos por la tarde por la ciudad, donde había varias iglesias de colores llamativos y una plaza principal herencia de nosotros los españoles. Casualidades de la vida, aquella noche de lunes 2 de diciembre había un concierto de Manu Chao en Salta, así que decidimos ir junto con mas gente del hostal. También compramos una entrada para Robin, ya que nos reencontrariamos por la tarde. Fue divertido, aunque el sonido no fue muy bueno y los descamisados que sudaban no estaban incluidos en el precio de la entrada. Al llegar al hostal la fiesta duro un rato mas, asi que segui socializandome con la mezcla de gente internacional y hasta di clases de salsa a algunas chicas extranjeras como si yo supiera mucho, jeje. Es curioso los pocos españoles que estamos viajando, la gente se sorprendía cuando decía que era española y me decían que era la primera que conocía en Suramerica. En Asia me encontré mas, pero aquí excepto el madrileño jubilado y los estudiantes que vivían en Chile, ni uno.
El martes día 3, después de una mañana relajante en el hostal, Omer, Robin y yo fuimos a Salta para seguir visitándola un poco mas y alquilar un coche para los próximos 3 días. La ultima noche en el hostal también fue muy divertida. Hicimos una sesión intensiva de billar mezclado con baile y risas, y dimos por terminado el día.
El miércoles 4 nos despediamos de Salta y partíamos rumbo a recoger el coche para iniciar una ruta maravillosa. Omer y Robin se habían convertido como en mis hermanos, y fue genial compartir aquella aventura en coche con ellos. Los 3 teniamos carnet, así que seria un viaje agradable. El norte de Argentina era otra Argentina, cuya población era mas indígena y con pueblos y paisajes que en nada se parecían a la ya recorrida Patagonia y Buenos Aires. Me cuesta describir los paisajes... cada vez mas cambiantes... y mas sorprendentes. Nunca había visto nada igual. De película! Creo que había partes similares a la ruta americana del cañon del Colorado y alrededores. Todo eran montañas, cada vez de piedras mas rojizas, con cactus increíblemente altos como veréis en las fotos y subiendo entre curvas hasta una altura considerable, siendo el punto mas alto de 3800 metros.
El primer día haríamos un total de 8-9 horas hasta llegar a Cafayate por una ruta mas larga pero mas linda. Disfrute muchisimo conduciendo, ya que llevaba casi 6 meses sin hacerlo y con aquel paisaje de acompañante no podía pedir mas. Se nos hizo de noche y el camino era de ripio como dicen aquí (de tierra en nuestro lenguaje), así que era el turno de Omer al volante cuando unas piedras asesinas destrozaron una de las ruedas traseras de una manera que no había visto nunca. La foto lo dice todo... Nos lo tomamos a risa, y lo primero que hicimos fue empezar a sacar fotos parados en medio de la nada en la oscuridad. El momento "hombre que entiende de mecánica" llego rápido, así que los 2 se pusieron manos a la obra para poner la rueda de repuesto en un plis plas. Seguimos nuestra ruta igual de felices y llegamos a Cafayate alrededor de las 12 de la noche, mas tarde de lo previsto pero con un chico de couchsurfing que nos estaba esperando sin problemas. Cafayate me recordaba a cualquier pueblito andaluz por sus calles y casas tipicas, y por la cantidad de gente que había en la calle a esas horas. Y fijaros si parecia andaluz, que no tuvimos ningún problema en cenar a las 12 de la noche en un rico restaurante con comida típica del norte de Argentina que estaba buenisima y donde por supuesto no faltaban las empanadas.
Ni, que así se llamaba el chico de couchsurfing, era amable pero un tanto raro, sobretodo porque como suele ser típico en los pueblos, a la gente le gusta beber, y supongo que la espera hasta las 12 de la noche causo estragos en su nivel de alcoholismo. Así que estuve muy contenta de estar con Robin y Omer, porque aunque era buena persona, tenia salidas sin sentido y su patriotismo por Cafayate solo le hacia insultar al resto de argentinos, lo cual no me pareció del todo educado. Lo bueno fue que nos dejo su casa para nosotros solos, ya que por falta de espacio el dormia en casa de su familia, lo cual fue todo un detalle por su parte. Aunque le costo dejarnos ir a dormir porque no paraba de hablar, a las 3 de la mañana caimos muertos después de un largo día de coche.
Al día siguiente al levantarnos, lo primero que hicimos fue reírnos sobre todas las cosas extrañas que Dani había soltado en una noche. Tuvimos bromas sobre el tema el resto del viaje, y es que aquel hombre era un auténtico personaje. Cafayate era famoso por los vinos y quesos, así que lo primero que hicimos fue empezar nuestro día haciendo una degustación de quesos muy ricos. Después llamamos a Dani para darle las gracias, y enseguida se ofreció para acompañarnos a una bodega de vinos jaja. Entre risas pensamos que seria divertido pasar otro rato con esa extraña pero a la vez buena persona.
Nos llevo a una bodega de alta gama donde probé muchos mejores vinos que en Mendoza, donde también estuve con Omer y Robin. El paisaje entre viñedos y montañas bebiendo vino era ideal, acompañado además de ricos quesos de la región.
Dani también nos acompañó a comer a un sitio muy rico, antes de dar por terminada nuestra visita a Cafayate. Recordemos que íbamos con una rueda de repuesto y que por lo tanto no iba a aguantar lo mismo que una normal, asi que despues de confirmar con la agencia de alquiler del coche, que nosotros nos teníamos que hacer cargo de la rueda rota, fuimos a una gomeria del pueblo, que asi es como se llama en Argentina, en busca de una rueda de segunda mano barata. La encontramos, nos la instalaron y seguimos nuestro camino rumbo al norte.
De nuevo pasaríamos por Salta de camino a Jujuy, pero esta vez por un camino todo asfaltado más corto, pero no por ello menos hermoso. Aquello si que era como el cañón del Colorado, pero mezclado con las enormes piedras de la clásica película Disney del Rey León. Que maravilla para la vista! El sol se reflejaba en las montañas y acentuaba aún más aquel color rojo con tanta vida. Y era tanta la vida, que aquellas montañas con formas tan singulares, dibujaban algo parecido a una antigua civilización que dejaba sin palabras. Sólo podía decir guau una y otra vez.
Alrededor de las 11 de la noche llegábamos a Jujuy, donde nos esperaba Diana, una chica de couchsurfing que en este caso sólo me podría alojar a mi. Despues de cenar algo junto a unos amig@s suyos super simpáticos, buscamos un hostal para Omer y Robin y dimos por terminado nuestro segundo día de emocionante ruta.
El viernes 6 de diciembre empezábamos el día visitando la pequeña ciudad de Jujuy junto con Diana, un lugar con mucha vida comercial y de bares.
Después de un buen desayuno de cereales y batido en un bar muy original, nos fuimos a hacer una ruta en coche junto con Diana y su amiga Julieta. Llegamos hasta Tilcara, un pueblo pequeñito entre montañas que me encanto. Sus calles empedradas, sus habitantes pueblerinos y la sensación de que se había parado el tiempo hizo que aquel lugar fuera especial. Y mas aun porque Diana tenia una mansión increíble con unas vistas impresionantes del pueblo y las montañas.
El día termino despediendonos de Diana y Julieta y siguiendo nuestro camino rumbo al ultimo pueblito de nuestra ruta llamado Purnamarca. Este lugar era famoso por tener un cerro de 7 colores de diferentes tonalidades de marrón y canela y por tener el famoso paseo de los colorados. Allí hicimos nuestras ultimas fotos juntos Omer, Robin y yo, y disfrutamos de las ultimas montañas rojizas. Cenamos en un restaurante con musica en vivo típica de la región y probamos la carne de llama, ya que por esta zona había muchas.
Esta noche de viernes 6 de diciembre, además de ser la ultima junto con Robin y Omer, también fue la ultima noche en Argentina, puesto que el sabado por la mañana partía rumbo a Chile por ultima vez.
Argentina me ha sorprendido por su variedad de paisajes únicos, he visto todos los contrastes posibles en lo que a naturaleza se refiere, y he visto paisajes que nunca antes había conocido y dudo que pueda volver a ver nada igual. La gente me ha tratado muy bien y mi experiencia viajando en autostop y con couchsurfing ha sido maravillosa. Solo puedo dar las gracias a toda esa gente que me he ido encontrando por el camino y que han hecho que mi viaje en Argentina sea aun mas increíble si cabe. Me llevo un gran recuerdo de este país y me despido con una gran sonrisa, pues mi viaje continua y las experiencias cada día son nuevas. No hay día que sea igual ni momento que deje de aprender.
Un abrazo a todos y hasta la próxima!
No hay comentarios:
Publicar un comentario