Os puedo confesar
algo? A veces lloro… de alegria. Nunca había llorado tantas veces de alegría… y
es genial! No todos los días se tiene la oportunidad de cumplir un sueno.
Kathmandu fue una
sorpresa muy grata. Si el recibimiento del orfanato ya fue genial, cuando sali
a descubrir la ciudad, me quede absolutamente maravillada de este lugar. Como
comente en la anterior entrada, el sábado 24 estuve todo el dia en el orfanato,
asi que mi exploración por Kathmandu empezaba el domingo 25 por la mañana.
Durante mis días
en Kathmandu me movi a la perfeccion cogiendo autobuses locales. A veces eran
autobuses y otras veces furgonetas donde un chico se encargaba de gritar
constantemente los lugares donde paraba y la gente se iba subiendo y bajando
donde le iba bien. Me adapte super rápido a esta forma de coger
transportes, y hasta diría que era mas
fácil que el lio de números de autobuses que tenemos en las ciudades ordenadas.
Aquí, cada vez que veias un bus, le decias el lugar donde querías ir y rápido
contestaban si o no. Creo que ninguna vez tarde mas de 5 minutos en encontrar
un bus que me llevara a mi destino. Asi que, se podría decir que, dentro de lo
que aparentemente parece un desorden, hay mas orden del que creemos. Eso si,
siempre era yo la única extrangera que iba subida con gente local. Por algún
extraño motivo, no me encontré con ningún otro turista atrevido como yo. Con lo
divertido que era. Quizas un poco escandaloso, porque aparte de repetir constantemente los lugares
donde paraba, iba dando manotazos a la chapa de coche, como incitando a la
gente a subir.
Mi primer destino
a visitar fue el barrio de Thamel, lugar de mochileros y casco antiguo de la
ciudad donde perderse por sus laberintos. Me guie por la guía Lonely Planet y
empece por un lugar llamado El Jardin de los sueños. Podria haber un lugar
mejor para empezar? El nombre lo decía todo. Un remanso de paz con jardines
preciosos y algo que me llamo especialmente la atención. Una puerta de
emergencia que en principio no tenia mas importancia, pero que si la observabas
sin mucho detenimiento, encontrabas una alegre cara sonriente que te incitaba a
devolverle la sonrisa. Espero que seais capaces de identificar la foto.
Todavia no había
podido comprobar si las sonrisas de los niños del orfanato solo estaban dentro
del orfanato, o si las iba a seguir encontrando por todo Nepal. Asi que un
super amable señor que cuidaba los jardines, me hizo entender que Nepal era una
país de amor. Mantuvimos una bonita conversación donde pude anotar un par de
frases importantes que cito:
Money is not everything, but is something (El dinero no es todo, pero es algo)
We cannot live without love (No podemos vivir sin amor)
People are connected
around the world by love (Las personas estamos conectadas alrededor del mundo
por amor)
Y con estas
frases, acompanadas de bonitas palabras sobre su mujer y su hija, empezaba a
recordar la importancia del amor. Le di las gracias enormemente, le regale
todas las sonrisas que pude y me despedi de la forma mas bonita que tienen los
nepalíes: diciendo Namaste mientras juntaba las palmas de mis manos, le sonreía
y agachaba sutilmente la cabeza.
Asi fue mi
bienvenida a Nepal, el país del amor. Y no por el romanticismo, sino por su
interior.
Sali del Jardin
de los sueños, y empece mi aventura por el centro de Kathmandu. No pude evitar
comprar unos pantalones de colores super alegres que veréis en las fotos y una
falda con brillantitos típicos hindus.
Como me divertí.
Practicamente no vi ningún turista. Aquel caso antiguo lleno de callejuelas con
pequenos templos hindus escondidos, templos budistas, mercados de especias y
comida, artesanos, mujeres hindus vestidas
con sharis de colores, plazas con historia, motos serpenteando, palomas, olores
y vacas, entre otras muchas sorpresas, estaba lleno de vida. Tenia la esencia
de India, y es que comparten la religión hindu, pero sin ser caotica, sin
personas intentando venderte cosas, sin personas mirándote constantemente. Asi
era Nepal.
Me lo pase pipa.
Despues de empezar a familiarizarme con la comida nepalí y sus famoso momos que
estaban riquísimos, me adentre en la Plaza Durbar, una plaza llena de historia
y Patrimonio de la Unesco. Se trataba de un conjunto de templos hindus unidos
en una enorme plaza donde los nepalíes pasaban las horas subidos en las alturas
de los templos sin hacer literalmente nada. Sentarse junto a ellos y contemplar
la vida nepalí, era una forma maravillosa de hacerse una idea de la ciudad.
Habia sido un dia
muy completo, y ahora tocaba volver a buscar un autobús que me llevara de
vuelta al orfanato. Acabe mi dia rodeada de mas amor con los ninos y lista para
seguir vagabundeando al dia siguiente por Kathmandu.
El lunes 26
tocaba el turno del templo budista Swayambhunath, mas conocido como monkey
Temple, y es que estaba rodeado de simpaticos monitos. Tras empezar visitando
el Buda Park, donde se podían contemplar 3 budas enormes dorados, segui mi
paseo hasta el famoso templo acompañada de un niño simpatico, aunque un tanto
insistente porque quería que le comprara unas zapatillas nuevas. Me sabia mal,
pero prefería gastar dinero en los niños del orfanato que por algo estaba
viviendo con ellos.
Dimos 3 vueltas
en dirección a las agujas del reloj, a algunos gompas que nos fuimos
encontrando por el camino. Son una especie de rodillos de oración que hacen
girar para tener buena suerte y que tienen escritos diferentes mantras. Es algo
que hacen los nepalíes cada dia de forma habitual en los templos. Una vez
dentro del famoso templo de los monos, el niño se fue en búsqueda de otras
presas y yo empecé con muy buen pie, lanzando una moneda de la buena suerte a
una fuente, cuyo objetivo consistía en meterla dentro de un pequeño jarron que
había en el centro. Al tercer intento, la moneda se metió. Sabeis lo que
significa eso? Que mi deseo se cumplió.
Una anciana
insistió en ponerme la famosa pintura que se ponen las mujeres hindus en la
frente, y aunque sabia que después me tocaria pagar, accedi porque pensé que el
sitio y la ocasión, bien lo merecían.
Despues de
cruzarme con traviesos monos, llegue a la estupa principal y me quede
maravillada. Las famosas cintas de colores que se entremezclaban en las alturas
llenaban de vida cada rincón del templo. Las banderas de oración son una de las
imágenes más representativas de Nepal. Una presencia constante que, desde lo
más alto de las pagodas, los tejados y los árboles, parecen estar celebrando
una fiesta sin final, llenando el ambiente de alegría.
Y es que es
difícil no sonreír ante la imagen de cientos de banderines de colores
moviéndose al compás del viento. Su mera visión anima, y aún sin comprender su
profunda espiritualidad, son capaces de transmitir buenas vibraciones que de
alguna manera me hicieron percibir el mundo con mayor positividad y mucho más
“colorido”. El verdadero significado de estas banderas era situarlas
en el punto mas alto posible para purificar el viento y llevarse consigo las
bendiciones y buenos deseos escritos en ellas. Normalmente durante el ano nuevo
Tibetano ( a finales de febrero), estas banderas se cambian para iniciar un
nuevo ciclo. Uno de los mensajes importantes es que todo es
perecedero, pero al mismo tiempo, todo nace de nuevo. Preciosa frase.
Aquella estupa me
pareció increíble. Imponente. Y es que además del ambiente espiritual que se
respiraba, el templo se alzaba sobre unas preciosas vistas de la ciudad de
Kathmandu. De nuevo las palomas no dejaban de volotear por los alrededores. Las
estupas tienen los ojos de Buda pintados en la parte mas alta del templo y pude
admirar muchas durante mi viaje en Nepal.
El dia continuaba
visitando Bodnath, que se trata ni mas ni menos que de la estupa budista mas
grande de toda Asia. Los imponentes ojos que se vislumbraban desde cualquier
punto del templo, realmente imponían. De nuevo las banderolas de colores adornaban
de alegría el lugar. Cientos de peregrinos se concentran a diario para realizar
la vuelta ritual de la cúpula. Es uno de
los pocos lugares del mundo donde la cultura budista tibetana carece de
restricciones. Un lugar mistico y cargado de buenas energias. Como todo Nepal.
Otro magnifico
dia finalizaba en Nepal de vuelta con mis adorables niños que a dia de hoy sigo
echando de menos.
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